El comunicado

Mi calle de Jesús

Estamos en 1950. La guerra hace tiempo que terminó pero las últimas consecuencias de una guerra fratricida todavía llena de dolor a muchas familias Españolas.

Y allí, en la ciudad del Turia comienza esta historia. Son historias de un barrio de manos del hilo conductor de una familia. Muchas familias tendrán también muchas cosas que contar, buenas y malas, grandes, pequeñas, y que pensamos que no deberían perderse porque forman parte de la historia. En el número 90 de esta calle (actualmente 92) vive la familia Oltra.


(9/1950) El comunicado reposaba encima de la mesa camilla. Escueto, ajeno al dolor que había causado.

«Les comunicamos que Francisco Oltra Paricio ha muerto de hemorragias internas y ha sido enterrado en el cementerio de Santa María de Marles».


Cuando se lee sobre una época, lamentablemente, los grandes personajes, batallas, políticas...son el guión que nos muestran.

También hay otros guiones, sobre todo en el cine y en la tv, que nos muestran las cosas que fueron importantes para sus ideales políticos.

Mis buenos fueron muy buenos y los otros, poco menos que diablos. ¡No es verdad! En todas partes hay buenas y malas personas y si todas las personas supieran respetar las ideas de los demás todos seríamos más felices.

Este libro es, sencillamente, algunos capítulos de la historia de una familia, mi familia, desde un poco antes de comenzar la guerra hasta la riada de Valencia.

No hay buenos y malos, hay hechos ciertos vividos por mi familia y que parece que nunca hayan pasado. Es lamentable que todo se distorsione en lugar de dar los datos y que cada cual saque sus conclusiones.

No busqueis en la historia el coche de la calavera o al terrible Zapatones, aunque si que encontrareis el por que mi padre, anarquista, apreciaba tanto que mi madre le llevara a la cárcel, algodón.

Y esto es salvajismo.


Imágenes.

una imagen

Párrafos del libro

(9/1935)El padre salió del saloncito cerrando la puerta y dejándoles solos. Josefina se sentó al lado de su esposo, tomó sus manos entre las de ella y le dijo en un susurro para que no lo oyera su suegro.

-¡Por favor Paco, no me hagas sufrir! No te metas en líos y preocúpate solamente de tu familia, de mí, y del hijo que viene en camino.


(12/1936) -Se las han llevado -oyó decir a su padre desde la galería- esta mañana ha llegado un camión con una pandilla de energúmenos y entre risas y disparos al aire las han metido a todas en el camión. Supongo que ya estarán muertas.

-¡Esto no puede ser! -exclamó Paco enfadado- No somos más que animales sedientos de sangre. No les importa quién sea o quienes sean, lo importante es odiar por ser tú más pobre, más inculto, más bajo y sobre todo más idiota. Para ellos, el otro es el culpable de su propia incompetencia. Y lo están pagando ahora con las religiosas. Me voy a por los compañeros. Veremos si llegamos a tiempo.

Esto no son ideales, esto es maldad.

(1/1939) -Paco, vengo a decirte que mañana te pongas malo y no salgas de casa.

Paco miró extrañado a su amigo Galdós.

-¡Y eso? ¿Por qué?

-Me han dicho unos compañeros que te advirtiera. -ante la cara de sorpresa de Paco, que esperaba la aclaración continuó…

-Tú no tienes delitos de sangre, nadie podrá achacarte ninguno, pero mañana no saben a qué hora, van a matar a «Zapatones».

-¿Por qué os arriesgais ahora? ¿Qué sentido tiene si la guerra está perdida? Ya es inútil pensar en milagros y los milagros nosotros los dejamos para los curas.

-Por eso mismo, Paco. Este tío es un mal bicho, es una escoria humana. Un sádico que carece de moral, de ideales y de cualquier signo que lo aproximen a una persona.


(10/1945)¿Ah sí… y dónde van a ir? -le pregunto él fingiendo curiosidad.

-A la Argentina, Paco, a la Argentina. Incluso les han enviado el dinero para los pasajes.

-¡Caray!, pues me alegro de que mi pequeña contribución, sólo una idea, haya servido para hacer feliz a la niña y que pueda valer para que madre e hija al fin tenga un futuro. Bien está lo que bien acaba.

-No me equivoqué con usted Paco. No me equivoqué. Muchas gracias.

-De nada mujer. Mire, con esa noticia me ha puesto usted contento -Y Paco dio la vuelta siguiendo su camino.

«Doña Suspiros» ve alejarse al hombre y murmura: ¡Conque sólo un consejo eh…! Qué razón tenía mi padre, este hombre es muy especial.


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Mi calle de Jesús

Algo tan jugoso como una guerra, hace que llevemos muchos años con bombardeos de mentiras y verdades a medias. Cada uno cuenta la feria como le va y yo cuento las historias, unas contadas por mi madre y hermanas y otras vividas de una época, desde 1935 hasta la riada de Valencia, que con los odios, rencores y mala intención, no se parece en nada a la que en mi casa se vivió.

Y allí, en la ciudad del Turia comienza esta historia. Son historias de un barrio, de mi barrio de Jesús. Historias de dolor y de alegría, de un padre anarquista y policía que dio su vida por unos ideales precisamente cuando dejó de creer en ellos.

Una historia distinta porque es real, a mis 74 años nada me condiciona. Las guerras todas son terribles pero nunca tiene la culpa un bando solo, y cada historia, cada momento, es bueno o malo dependiendo de los protagonistas, no de la política que solo en contadas ocasiones velará por el ciudadano prescindiendo de sus ideas o sus intereses.