Anecdotas de un comercial

¡Ya sube, ya sube, ya sube!

Rego era, supongo que seguirá siendo, un hombre extraordinario. Yo no he conocido a nadie como él. Eso no quiere decir nada aparte de lo que dice. ¡Era extraordinario con sus gustos y su vida! Otros lo han sido también pero con otras motivaciones, no a todo el mundo le gusta lo mismo ni es bueno para lo mismo.

A G. Rego no le cabía en la cabeza el no poder hacer alguna cosa. ¡Seguro que podría! Y tampoco se quedaba sin buscar una solución a cualquier ¿por que? De la vida.

Un día, después de terminar nuestro trabajo nos reunió y nos dijo.

-El otro día estuve leyendo sobre algo que se llama la pirámide de manos y que me gustaría, si os parece bien que la hiciéramos a ver si sale.

Todos estuvimos encantados.

La cuestión es la siguiente: Un sujeto, en este caso yo, se sienta en una silla. Cuatro compañeros se ponen cada uno en un lado y le ponen las manos encima de la cabeza, sin tocarla. Las manos estarán por capas y con un pequeño movimiento rotativo y murmurando “ya sube” o parecido, se concentrarán lo más posible. Una vez que la persona que lo dirige cree que ya están concentrados, bajan sus manos y rozando con la punta de los dedos la silla, intentan subirla con el sujeto sentado en ella (en este caso yo).

A la voz de ahora, lo hicieron los compañeros y al segundo siguiente la silla y yo, con la única presión de un dedo por mano, salió volando y me dejé caer cuando vi que pasaba ya del metro.

Todos nos quedamos asombrados. ¡Funcionaba!

Después, mientras nos tomábamos un café en el bar de la esquina, nos reíamos pensando que efecto habríamos causado a nuestros vecinos de IBM si nos hubieran visto, yo sentado y los compañeros agitando las manos y diciendo “ya sube, ya sube, ya sube”.

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Hablemos de...
La cantarica de engaño Segorbina

Este botijo, es una pieza de artesanía única. Y mas única va a ser cuando Teresa González Marín y José Magdalena Santafé decidan que ya no tienen ganas de seguir con la Alfarería La Esperanza, puesto que son ellos los últimos, que sepamos, que todavía realizan esta pieza de artesanía.

Imaginen un botijo que tiene un montón de pitorros. ¿Por cual beber? Ese es uno de sus engaños. El que no conoce el secreto tiene que decidirse por uno de los pitorros y si no es el correcto pues ... efectivamente, se moja o moja al compañero.

Este es uno de los engaños, el otro es el sistema de relleno con agua, que se realiza por el fondo y cuando está lleno, se le da la vuelta al botijo y ... !maravilla de maravillas, el agua no se sale!

No pierdan la ocasión de comprar una de estas piezas pues si no se remedia, cuando esta pareja de maravillosos artesanos lo dejen de hacer, la Cantarica de engaño Segorbina, solo se podrá ver en los museos.