Anecdotas de un comercial

Una fábrica de muñecas.

Mi primer director y del que aprendí todo lo que sé en cuestión de ventas, me dijo que nunca me fuera de un cliente, la primera vez que nos veíamos, sin causarle alguna impresión aunque tuviera que ser pisándole un pie. Si no es por algo inusual, no se acordarán de usted Sr. Oltra -me dijo-.

Y es cierto. También sirve para la vida normal. Una persona nueva en grupo de amigos, dejará de existir a menos que él tenga alguna característica especial; que sea muy feo, muy guapo, bizco, ojos saltones, gracioso...

Si no es así y encima vas a venderle algo que otros irán llegando o han llegado antes, sólo recordará algo especial a menos que tu producto sea lo más del mundo mundial.

Recuerdo una visita que hicimos a una fábrica de muñecas. El dueño nos recibió en su enorme despacho y después de los saludos de rigor, el mejor comercial que he conocido en mi vida, se lanzó en directo a convencer al serio cliente.

Yo iba de ayudante y llevaba un proyector de diapositivas y una pantalla para proyectarlas. El posible cliente no dejaba de mirarlo mientras tenían unas palabras de rigor sobre tiempo, cómo estaba el mercado o cómo iba la liga de fútbol (naturalmente ya nos habíamos enterado de qué equipo era seguidor).

En uno de los cortes de la conversación mi director le preguntó al posible cliente.

-No le importa que le hagamos una demostración ¿verdad?

E inmediatamente me indicó que desplegara la pantalla y él puso un paño en la mesa para que, al colocar el proyector, no le dejara ninguna marca.

Huelga decir que no sólamente hicimos la demostración, si no que nos llevamos el pedido de una instalación completa.

Habrían ido varios comerciales, pero nosotros fuimos especiales, nos salimos de lo normal sin ofender.

Esto me lleva a una pequeña y desagradable anécdota cuando en el SIMO (Salón Internacional Material Oficina) de Madrid se vendió una máquina y como ya se estaba cerrando y apenas quedábamos nosotros, los contratos se firmarían al día siguiente en que ya los llevaríamos rellenos.

Al día siguiente a media mañana se presentó el cliente y nos dijo que ya había comprado otra máquina. ¿Cómo era posible?

Cuando le dijo el director de ventas nuestro que "no tenía palabra y que nos dijera el por qué de su cambio de actitud", nos dijo "es que las dos chicas con las que he pasado la noche y que trajeron el contrato de su competencia, estaban buenísimas".

Me reservo el nombre de la competencia.

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Hablemos de...
Las modas y los modos 2/3

Mi paseo por las modas comenzó un frío día de enero cuando yo tenía unos seis o siete años. Mi hermana Carmen se presentó en casa con un tarro en el que le enseñó a mi madre una especie de gelatina asquerosa que llevaba cuidadosamente tapada. Mi hermana tiene once años más que yo, por lo tanto, entonces estaría ya en lo que por aquel entonces se decía "en edad de merecer" y recientemente había pasado la "edad del pavo": que los ingleses denominan los "teenagers" porque todos los número, desde los trece a los diecinueve terminan en "teen".

Por lo tanto, y por la conversación mantenida con nuestra madre, entendí que aquella cosa asquerosa a la que denominaba "el hongo" era una especie de bálsamo de Fierabrás. No me enteré si es que mi hermana quería curarse alguna enfermedad o estar más guapa o es que el negocio familiar que había montado mi madre con mis dos hermanas, la confección de sujetadores artesanos, se iba a ampliar con la cría de aquel hongo famosísimo. Tampoco se si se comía, se bebía o simplemente era una especie de crema. La cuestión es que se había puesto de moda y todas las jovencitas criaban el dichoso hongo en sus casas.

Este comienzo me enseñó lo que eran las modas. Es algo que, sobre todo las mujeres, comienza no se sabe donde, pero que la gran mayoría siguen sin hacerse preguntas. La moda sirve para cualquier cosa, puede ser la bebida de moda, la comida, la discoteca, el barrio, la ropa, una frase, etc, etc... y los seguidores lo harán sin preguntarse nada. No importa que sea bueno o malo, no sigue ningún canon, sencillamente ES MODA.

Recuerdo una moda horrorosa como fue la denominada "moda saco". Todas las mujeres andaban metidas en una especie de saco de patatas que no resaltaba ninguna de las características femeninas. Estaban verdaderamente feas, pero era la moda y todas marchaban orgullosas "luciendo palmito".

Las modas no son privativas de las mujeres, aunque si que son las que más las siguen. Hubo una época en que todos los jóvenes, y no tan jóvenes, la moda les obligó a una especie de tuneo del coche. Se veían los humildes seiscientos, que ya les costaba ir a 60 por hora, llenas las ventanas de pegatinas, un doble tubo de escape, aunque solo saliera el humo por uno, unos imprescindibles alerones que impedirán que las altas velocidades que llevarían les hiciera despegar del suelo, etc...