Anecdotas de un comercial

Las lámparas de la catedral

Uno de los terminales de la empresa mecanizada en el que se hacían los albaranes para mandarlos, una vez al día, a la unidad central estaba en Burgos.

Después de haber repasado la instalación y actualizado el software nos dispusimos, el director y yo, a darnos una vuelta por Burgos y especialmente a ver la catedral que, por muchas veces que se visite siempre tiene cosa nuevas y extraordinarias para admirar.

Ese día le estuve hablando sobre las lámparas que me parecían extraordinarias. El me miró condescendiente y me dijo...

-Sí, tienes razón, pero no son ni la mitad de las que yo tengo en mi casa.

Esta afirmación me sorprendió, yo no había estado en su casa así que supuse que sería una casona rural en la que habría cosas muy antiguas, quizás heredada de sus ascendientes.

-Esta noche te vienes a cenar a casa y te las enseñaré -añadió-.

Yo encantado de la vida porque me entusiasma la historia, la cocina y el arte. Lo iba a tener todo en una.

Esa noche, después de pasar por el hotel y darme una ducha rápida, salimos para su casa.

Efectivamente, era una casa solariega, no muy grande pero si muy bonita. Saludamos a su esposa, nos dijo el excelente ágape que preparaba para la cena y después, con un guiño de los ojos, mi amigo me indicó que íbamos a ver sus lámparas.

Salimos de la casa entrando a un patio muy grande en el que había, al fondo, una especie de cuarto trastero, de aperos o quizás que anteriormente serviría para los animales. Nos dirigimos hacia el y entramos.

Estaba con una especie de neblina que provocaba un hilillo de humo que salia de la parte central en la que se quemaban unas maderas, sin llegar a arder pero que dejaban en la estancia un olor especial. Me indicó que mirara hacia el techo.

¡Y las vi! ¡Por supuesto que las vi! Unas “lámparas” maravillosas y que poco a poco se estaban transformando en una cecina exquisita. Un lugar especial, con una madera especial, que estaban dando a cada una de las “lamparas” con formas de jamones, chorizos, etc... ese sabor de la mejor cecina de Burgos y de la que degustamos en la cena poniéndole un calificativo. ¡¡“Inmejorable”!!

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Hablemos de...
Antes de prohibir...

Llevamos veinticinco ediciones de la Cumbre del Clima (Madrid-2019), en las que se reúnen los principales líderes mundiales y científicos entendidos en la materia, verdaderos conocedores del problema ecológico a nivel mundial. Cumbres en las que se siguen sin alcanzar los acuerdos necesarios, y los que se alcanzan no se cumplen año tras año, por la única y verdadera razón, de peso: los intereses económicos particulares y encontrados que representa llevarlos a la práctica por parte de los dirigentes políticos de todos los países industrializados afectos.

Mientras toda esta pantomima tiene lugar, en España, concretamente, llevamos esos mismos veinticinco años promocionando, por todos los medios de publicidad posibles, la venta de vehículos a motor de combustión, con preferencia al diesel, incluso con ayudas gubernamentales para su venta en campañas concretas.

Nada importó, a ninguno de los gobiernos habidos durante todo ese periodo, lo mucho que se contribuía al deterioro del medioambiente. El objetivo era otro: crear y mantener los cientos de miles de puestos de trabajo, tanto directo como indirecto, que conlleva esta industria, hoy por hoy imprescindible para el mantenimiento de la economía nacional.

Aún actualmente, y en perfecto contrasentido, las fábricas, nuestras fábricas, siguen produciendo vehículos de combustión con motores cada vez más potentes, factor este que les sirven de promoción, al tiempo que limitamos cada vez más la velocidad de nuestras carreteras, precisamente por ese mismo motivo de no contaminar, mientras que, en alguna de nuestras principales ciudades –pronto cundirá el ejemplo hacia las demás- ya se limita el tráfico a los vehículos con un límite de edad –matriculados antes del 2006-, dejando a cientos de miles de usuarios sin poder circular con sus coches “antiguos”, pero que pagan religiosamente sus impuestos y pasan cada año escrupulosamente las obligadas revisiones de ITV.

Que la sociedad está concienciada de lo que supone la tremenda contaminación de las ciudades es un hecho. Pero ni los actuales precios de los coches eléctricos son asequibles a todos los bolsillos, ni las fábricas de automóviles pueden cortar de raíz sus producciones y adecuar sus fabricaciones exclusivamente a los coches eléctricos. Por otra parte si decides comprar ahora un vehículo actualizado nadie te garantiza que el periodo de restricción actual se acorte, con lo cual puede ocurrir que dentro de ocho o diez años te encuentres en la misma situación. Lo que supongo que a más de uno se lo hará pensar antes de gastarse el dinero en un cambio.

En cualquier caso, y antes de tomar medidas tan restrictivas, convendría que alguien respondiera a varias preguntas…

¿Qué ocurre con los miles y miles de vehículos que tienen en stock las fábricas y concesionarios actualmente de gasolina y gasoil? ¿Acaso están dispuestos los fabricantes a reciclarlos y absorber la millonada en pérdidas que eso les ocasionaría? ¡Ja!

¿Cuándo estarán adecuadas las ciudades y carreteras para poder abastecer a cientos de miles de coches (y camiones) de los puntos de energía necesarios?

¿Cuánta cantidad de energía va a ser necesaria para abastecer a tal cantidad de vehículos, y de donde se va a conseguir el aumento de tal producción de energía necesaria?

Ahora que parece que despertamos de golpe, además de organizar dicha Cumbre Mundial del Clima, Cumbre a la que, por cierto, nuestro Presidente, en funciones, acudió en su inauguración con un flamante coche eléctrico, que utilizó para hacerse la foto…, para luego regresar con el blindado de gasolina, nuestros políticos deberían pensar de la inexcusable necesidad de “ponerse las pilas” y estudiar cómo se forma y ayuda a los miles autónomos de pequeños talleres mecánicos, y se reforma toda una industria auxiliar que actualmente genera miles de puestos de trabajo.