Anecdotas de un comercial

El masaje

Algo parecido me pasó en Extremadura. En la mesita de noche había un aparatito para poner una moneda de duro (5 pts).

Supuse que sería para la televisión aunque ya estaba encendida "en un rato se apagará si no le meto una moneda" pensé.

Y metí el durito.

Inmediatamente comenzó la cama a dar saltos y cabriolas con un masaje sensacional.

Bueno, pensé, bien está cinco minutos de masaje. ¡Pero a la hora y cuarto aquello seguía cada vez más enloquecido! Ya no sabía qué hacer, si llamar para decir que pararan a la cama saltarina o acostarme en el sofá de la habitación.

Diez minutos después con un ligero saltito, se acabó el masaje.

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Crónicas de Mesxicotet

Perdonarme que empiece esta pequeña historia de mis andanzas a una temprana edad en la que estaba terminando mis estudios de periodismo, pero creo que es una muestra de lo que luego sería mi vida en la que las cosas más extrañas han pasado y siempre parece que llevo a un ángel de la guarda con ganas de juerga a mi lado.


Abro con cuidado la ventana. Está oscuro. A la luz de la luna veo que Rosa me espera en la cama. La insinuación no puede ser más clara. ¡Pues me desnudo y me meto rápidamente!

Y lo hago.

Parece que está dormida... ¡Rosa, Rosa, soy yo, despierta! -le digo en un susurro.

Ya despierta.

-¡AAAAAAAAA AAAAAAAA AAA HHHHHHH HHHHHHHHH!

¡Eh! ¿Qué pasa? Esta no es Rosa... ¡Coño, si es Finita!

-¡UN VIOLON! -exclama la susodicha al tiempo que me agarra con fuerza, inusitada en una mujer mayor, de mis bienes más preciados.


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