Comarca Rural
Lectura: Un pliegue en el tiempo

Pendiente
El silencio

Martes 28 de octubre del 2014

Un coche llegó por carretera a la pedanía de La Encina. En el iban cuatro personas. Bajaron a estirar las piernas cerca del antiguo apeadero. Fumaron un cigarrillo cada uno y después tres de ellos subieron al coche y se fueron. Otro, quizás olvidado, comenzó a pasear por pocas calles del pueblo, luego, tranquilamente se recostó junto a un portalón abandonado. El frío era terrible al ser ya la última hora de la tarde y el sol estar desapareciendo por el horizonte. No obstante, el hombre estaba bien pertrechado con un grueso abrigo, bufanda, guantes y un gorro tipo Tirolés que llevaba calado hasta las orejas.

Al poco rato, se oyó un coche, paró a unas casas de distancia del hombre y bajaron dos personas. Miraron hacia todos lados, sin percatarse de la presencia del extraño, abrieron la puerta de una de las casa y bajando unas maletas del coche entraron en la casa.

El hombre, simplemente metió una de sus enguantadas manos en el bolsillo del abrigo, extrajo un teléfono móvil y después de pulsar en el menú el numero deseado, simplemente dijo...Acaban de llegar.

Miércoles 29 de octubre a las 5,30 am

Un coche con los faros apagados se desliza silenciosamente por las calles desiertas y para sin apagar el motor. Desciende un hombre que se dirige silenciosamente hacia la casa de nuestro amigo Luis. Tal parece que conociera, no solamente la pedanía, si no también la casa pues se dirigió sin ninguna duda a una de las ventanas posteriores.

Sin el más mínimo esfuerzo la ventana se abrió sin ningún ruido.

Dentro se oía la televisión, Luis estaba aprovechando el tiempo viendo la televisión y leyendo.

El hombre buscó en el bolsillo de su abrigo y sacó un pequeño paquete y arrimando a la ventana una caja que se encontraba “casualmente” a pocos metros se dispuso a entrar en la casa. Se encaramó para dar el salto y...

- No, amigo mío – dijo el desconocido del gorro Tirolés – no lo vais a tener tan fácil.

Al tiempo arrebataba el paquete de la mano del otro hombre y con un golpe seco lo dejó inconsciente.

El coche desconocido arrancó inmediatamente perdiéndose con un chirrido de neumáticos en dirección a la carretera dejando a su compañero. Ya en ella se cruzó con el coche de los tres hombres que regresaban a recoger a su compañero. Aceleraron y ya sin ningún cuidado en no producir ruido llegaron a la casa donde les esperaba el hombre del gorro Tirolés y bajando del coche subieron al desvanecido en el maletero y salieron sin perder un segundo en la misma dirección que el coche anterior.

A los pocos kilómetro en dirección a Villena vieron el coche de los desconocido ardiendo a un lado de la carretera. Otro coche estaba parado como si quisieran ayudar a los accidentados pero al ver que no había por la carretera en un par de kilómetros, ayudaron a descargar del coche al hombre del maletero, lo metieron sin ningún miramiento por una de las ventanillas rotas y salieron rápidamente los dos coches una en dirección a Villena y otro hacia Albacete.

En la pequeña población, Luis que había oído el ruido de los coches, se asomó a la ventana a tiempo de ver como metían en el maletero al hombre inconsciente., después si dirigió hacia el ordenador y escribió “No hace falta ninguna precaución, me han descubierto”.

La ciencia es el gran antídoto contra el veneno del entusiasmo y la superstición.
Adam Smith

Un pliegue en el tiempo

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