Comarca Rural
Lectura: Un pliegue en el tiempo

Increible Mediterraneo
El atentado

- Os he de confesar, amigos míos - comentó Pat - que al llegar a este punto la cabeza ya me empezó a dar vueltas, pensé que la persona que llevábamos en la barca o era un embustero, un loco, un programa de televisión o sencillamente se estaba riendo de nosotros. Así es que, confieso que con malos modos, le dije.

No estamos para bromas, nos has dado un susto de muerte, hemos perdido la mañana por ti y no estamos para tonterías ni cuchufletas, dinos la verdad sobre tu aparición en la isla o directamente quítate la ropa de mi hermano y en cuanto toquemos el puerto te vas en cueros a reírte de otras personas con más aguante.

Mientras, mi hermano estaba quitándose en traje de buceo y se había quedado únicamente con el bañador.

En el momento en que Luis nos iba a contestar vimos acercarse una motora a toda velocidad y que no llevaba la más mínima intención de parar. Nos pusimos a hacerles señas por si no se habían dado cuenta de nuestra barca, pero cuando estaban más cerca vimos que había varias personas en la proa y curiosamente dos llevaban fusiles submarinos cargados y que nos apuntaban.

La motora nos embistió y partió la barca por la mitad arrojándonos a todos al agua.

Dieron la vuelta acercándose a nuestra barca partida y a nosotros, Luis y yo vestidos y agarrados a la mitad de proa que permanecía a flote y mi hermano nadando hacia nosotros pues el tremendo golpe lo había separado unos veinte metros.

Ante nuestra consternación vimos que uno de los hombre de proa apuntaba su fusil hacia mi hermano y disparó dándole apenas tiempo de sumergirse pero siendo alcanzado superficialmente en el hombro pero produciendole un gran desgarro.

Inmediatamente el otro apunto el arpón esperando que saliera nuevamente y siguiendo con la vista el rastro que el hombro herido dejaba en el agua.

Después de la primera sorpresa momentánea vi que, o hacía algo o mi hermano se podía considerar muerto, así es que cogí instintivamente el fusil cargado de mi hermano que había sobrevivido al impacto y lo disparé hacia el hombre que esperaba disparar el suyo. La distancia era aproximadamente de tres metros por lo que no me fue difícil hundírsle el arpón en el costado.

Sorprendidos por mi acción el que había disparado primero reaccionó buscando un segundo arpón para cargar de nuevo el fusil pero en ese momento vimos acercarse varias barcas que, desde lejos, había visto el “accidente”.

- ¿Pero - preguntó Helen - por que disparó contra tu hermano en lugar de hacerlo a Luis?.

- Muy sencillo - contestó Pat - disparó contra la persona que estaba desnuda.
 

Cuando las leyes de la matemática se refieren a la realidad, no son ciertas; cuando son ciertas, no se refieren a la realidad.
Albert Einstein

Un pliegue en el tiempo

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